De lunes a viernes de 10:00h a 11:00h
Todas las tardes de 18:00h a 20:00h
De lunes a sábado a las 10:30h y 19:30h
El domingo a las 10:00h, 12:00h, 13:00h y 19:30h
El domingo de 10:00h a 13:00h
El miércoles y jueves en el despacho de 17:30h a 19:00h
Todos los lunes, a partir del 7 de octubre, a las 18:00h en la capilla parroquial.
Todos los jueves a las 18:30h en el templo.
Los terceros viernes de mes, después de la misa de la mañana, a partir del 18 de octubre.
Todos los días de 19:00h a 19:30h
Los jueves a las 18:30h
Lunes de 11:30h a 13:00h / 17:30h a 19:00h
Martes de 17:30h a 19:00h
Recibir la Comunión no es un acto rutinario, sino que es un encuentro personal con Cristo Vivo, por eso, nos debemos acercar a Comulgar con el alma en gracia y el cuerpo en una actitud de recogimiento, con los ojos puestos en el Señor, las manos limpias y el corazón postrado. La tradición viva de la Iglesia nos enseña cómo debemos Comulgar:
– Con profundidad de fe y respeto.
– Si se Comulga en la boca debe hacerse con el debido respeto. Después de que el sacerdote o ministro extraordinario diga “Cuerpo de Cristo” se responde «Amén» y se abre la boca para recibir la sagrada comunión.
– Si se Comulga en la mano, se pone la mano izquierda sobre la derecha, formando un trono donde repose el Rey. El sacerdote o ministro extraordinario depositará, entonces, la sagrada forma sobre la palma de la mano.
– Se Comulga inmediatamente recibida la Comunión en la palma de la mano, delante del sacerdote o ministro extraordinario, sin moverse, tomándola con el índice y pulgar de la mano derecha, llevándola a la boca y vigilando que ninguna partícula quede sin recoger.
– Una vez que se ha comulgado, se regresa al banco.
De esta manera, cada Eucaristía se convierte en un acto renovado de amor y adoración a Jesucristo.
«Vosotros sois como un edificio levantado sobre fundamentos que son los Apóstoles y los Profetas, y Jesucristo mismo es la piedra principal».
“La Parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular (Diócesis), cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo Diocesano, se encomienda a un Párroco, como su pastor propio”.
Es el lugar donde todos los fieles pueden reunirse para la celebración dominical de la Eucaristía. La Parroquia inicia al pueblo cristiano en la expresión ordinaria de la vida litúrgica, la congrega en esta celebración, le enseña la doctrina salvífica de Cristo y la lleva a practicar la caridad del Señor en obras buenas y fraternas”.
La palabra «Parroquia» viene del griego Paroika. Muchos autores cristianos utilizan el verbo parokein para dar la idea de una presencia pasajera de los cristianos en el mundo. En el siglo II Paroika se convierte en sinónimo de «comunidad cristiana» o «Iglesia particular».
La Parroquia es como una fuente a la que todo el mundo viene a calmar su sed, decía el Papa Juan XXIII . Es una fuente de agua viva que Jesucristo ofrece a cada uno. Pablo VI decía que “la Parroquia tiene una misión indispensable de gran actualidad; ella debe crear la primera comunidad del pueblo cristiano”.
La Parroquia es el lugar donde los ministerios y carismas de todos los fieles laicos, esenciales a la vida de la iglesia, pueden ser valorados. Ella no es en primer lugar una estructura, un territorio, un edificio, una comunidad de personas cumpliendo un cierto número de funciones sociales; Ella es ante todo, la familia de Dios, fraternidad que no tiene más que un alma, una casa de familia, fraternal y acogedora; es la comunidad de los fieles.
Después de la familia, la Parroquia es la primera escuela de fe, oración y educación moral” dijo en 1985 el Papa Juan Pablo II. La Parroquia tiene por vocación reunir a los fieles de un territorio, sin distinción de origen, status social o edad; no sólo por afinidades, sino en razón de la proximidad. Reúne a los hijos de Dios que fácilmente se podrían dispersar.